sábado, 1 de junio de 2013

Martinu: ¿Segunda fila?

Está claro que el pueblo checo tiene una especial afinidad con la música. En ningún otro sitio vas a encontrarte tantos músicos (profesionales y aficionados) por metro cuadrado que en la República Checa. La pasión por la música es evidente, por ejemplo, en Praga se percibe desde los rincones de las calles hasta los numerosos auditorios y salas de conciertos. En Praga, no en vano, pusieron a Mozart en un altar y estrenaron varias de sus sinfonías (y su Don Giovanni) cuando el resto del mundo le daba la espalda.

Sin embargo, los compositores checos están, incomprensiblemente, fuera de la primera división. Alemania y Austria dominan el panorama con frecuentes incursiones Francesas e Italianas, dejando fuera a compositores que merecerían un destino mucho mejor. Conocemos a Dvorak, y especialmente su sinfonía del nuevo mundo y el Modava de Smetana, pero poco más. Sin embargo hay mucho por descubrir en nuestros lares de estos músicos y de otros menos conocidos.

La relación con la melodía es particularmente espectacular. Brahms decía que cambiaría toda su música por una sola melodía de Dvorak. Esto es un poco exagerado viniendo de este monstruo, pero la verdad es que los músicos checos tienen una especial habilidad para crear melodías intrincadas y complejas pero a la vez familiares y accesibles.

Esto es lo que le pasa al compositor al que le dedico esta entrada: Bohuslav Martinů. Se trata de un compositor relativamente contemporáneo (murió en 1959) pero cuya música presenta una progresión melódica, armónica y rítmica verdaderamente irresistible, y por supuesto 100% checa.

Bohuslav Martinů
Bohuslav Martinů

La música de Martinu es a la vez accesible (siempre dentro de la tonalidad) pero a la vez compleja: con numerosas modulaciones armónicas, sutiles cromatismos y gran variedad rítmica. Como muchos de sus contemporáneos, se interesó por el Jazz, y eso se nota en algunas de sus composiciones, como por ejemplo, la suite de Jazz o este Foxtrot un poco gamberro (y con aires de acompñanamiento de película muda):


Sin embargo, sus mejores obras son las que se destilan los grandes y profundos desarrollos armónicos y melódicos: sus sinfonías, el segundo concierto para violín, o los frescos de Piero de la Francesca. Aquí os dejo algunos ejemplos de cada uno de ellos:



Música para descubrir y para disfrutar.

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